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Retrato de José Díaz Cancino

Retrato de José Díaz Cancino

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Juan Manuel Besnes e Irigoyen nos legó una interesante galería de retratos de sus contemporáneos, personas relevantes o no, con las cuales mantuvo lazos de amistad, o bien actuaron con él en instituciones como la Hermandad de la Caridad de Montevideo. Algunas fueron figuras destacadas durante la dominación española. Si consideramos la radicación del artista en Montevideo en 1809 y su origen vasco, resulta lógica esta simpatía por sus compatriotas.

El Museo Histórico Nacional conserva varios de estos retratos, que serán incorporados a la exposición a realizarse en 2016. En general se trata de perfiles trazados a acuarela, tinta y pluma sobre papel, todos de pequeñas dimensiones. Besnes se centró casi siempre en los rostros, siendo una de las escasas excepciones el retrato de cuerpo entero de José Díaz Cancino, que presentamos en esta oportunidad.

Retrato de José Díaz Cancino

Estos retratos se han considerado valiosos por dos razones: en muchos casos son las únicas efigies que conocemos de distintas personalidades, es decir, sin ellos, no podríamos saber cómo eran sus facciones, debiendo derivar al terreno de las reconstrucciones o de la imaginación. También algunos son los únicos retratos realizados en vida de los representados, con lo cual cobraron un importante valor documental, ya que con el tiempo se convirtieron en fuente de consulta insoslayable para otros artistas (1).

Sin embargo, Besnes no fue un retratista académico, fue un autodidacta brillante, y en el campo del retrato podríamos decir incluso, un humorista. Todos sus perfiles tienen algo de caricatura, de exageración de los rasgos, y nos muestran su capacidad de observación para captar las características fisonómicas de las personas. Esta es una nueva dimensión que debemos considerar para una apreciación justa de su obra. Horacio Arredondo en su pormenorizado estudio sobre la obra de Besnes escribió:

Abre esta galería de las obras de Besnes, una pequeña serie de sus retratos y caricaturas, modalidades pictóricas en que, si bien su producción no es copiosa, es de calidad no desdeñable.
Aquilatadas las acuarelas en su conjunto, y artísticamente consideradas, resulta un saldo en extremo favorable para sus condiciones de retratista, así como su variante de caricaturista, en la que acusa rasgos de fino humorismo, obteniendo excelente partido de las características físicas de los sujetos que elige (2).

Y refiriéndose en concreto a la acuarela que nos ocupa, afirmó:

La caricatura de don José Díaz, honrado comerciante de la plaza mayor y amigo de Besnes, es una figura de cuerpo entero, en la que el autor saca ventajosos efectos de la adiposidad del buen señor, a quien presenta con soltura y naturalidad.
En este cuadrito, así como en el más defectuoso del mariscal español don Francisco de Orduña, nos procura dos documentos valiosos por el acopio de antecedentes para la fijación de la indumentaria civil y militar de la época (3).

Como acostumbró hacer en muchas de sus obras, Besnes escribió en el papel, bajo la acuarela: “Zaid Esoj dibujado en 22 de Agto. de 1823.” y al pie de la página en la que está pegado el retrato: “D.n José Díaz Cancino (a) Pepillo de la plaza - hombre benéfico Andaluz - retratado por Irigoyen cuando iba a la Iglesia por la plaza en 22 de Agosto de 1823..”. Zaid Esoj es un anagrama por inversión del nombre del retratado.

José Díaz está representado de cuerpo entero, de pie, perfilado a la derecha. Sostiene un cigarro con su mano izquierda, próximo a la boca. En su mano derecha un bastón y un pañuelo que cubre la empuñadura; el pañuelo no fue terminado por el artista, viéndose el color del papel. Aparece vestido a la usanza burguesa del siglo XIX, con abrigo largo color gris azulado de seis botones y galera negra.

Solo destaca la figura, no hay entorno urbanístico o elementos complementarios. Como indica Besnes en el texto, bajo la imagen, se trata de un croquis o boceto realizado en forma rápida y espontánea, registrando a un personaje conocido de la ciudad en el momento en que transitaba por la calle. Podemos imaginar a Besnes saliendo diariamente de su casa, libreta de apuntes en mano, para bosquejar personas, escenas y paisajes urbanos que llamaban su atención, reforzando nuevamente la convicción que tenemos de considerarlo un precursor de los reporteros gráficos en nuestro territorio.

José Díaz Cancino era natural de Sevilla y nació en la segunda mitad del siglo XVIII. Contrajo matrimonio con Francisca Romero Carmona, con quien tuvo tres hijas. Establecido en Montevideo, llegó a ser un rico comerciante, con varias casas de negocio y propiedades inmobiliarias. Por su residencia, junto a la catedral, frente a la plaza Matriz, hoy Constitución, se lo conocía como "Pepillo de la plaza". Fue un hombre muy devoto, donante del terreno donde hoy se alza la capilla del Santísimo Sacramento en la catedral, así como cuadros y enseres para alhajar el templo. Activo colaborador del Cabildo, aportó recursos en varias oportunidades para efectuar mejoras en la pequeña ciudad fortificada.

 

Texto: Ernesto Beretta García

Taller de investigación, conservación y restauración del Museo Histórico Nacional: Ernesto Beretta, Mirtha Cazet, Adriana Clavelli, Richard Núñez.

 

(1) Juan Manuel Blanes (1830-1901) realizó una pintura titulada El mariscal Francisco Orduña frente a la Ciudadela de Montevideo, a partir de un pequeño dibujo acuarelado de Besnes. También Manuel Barthold (1874-1947) parece basarse en el perfil de Dámaso Antonio Larrañaga realizado a lápiz por Besnes, para un retrato de mayores dimensiones, al óleo. Todas estas obras se conservan en el Museo Histórico Nacional.

(2) Arredondo, Horacio, “Iconografía uruguaya. La obra de Juan Manuel Besnes e Irigoyen”, en Revista de la Sociedad “Amigos de la Arqueología”, Tomo III, Montevideo, 1929, p. 27.

(3) Ibídem, p. 29.

 

 

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