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"La puerta de la Ciudadela" por Jean Léon Pallière
Martes 23 de junio de 2015

"La puerta de la Ciudadela" por Jean Léon Pallière

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La puerta de la Ciudadela por Jean Léon Pallière

Esta pequeña acuarela de Jean Léon Pallière resulta una obra muy interesante para aproximarnos a diversas dimensiones de la vida montevideana de la segunda mitad del siglo XIX. Puede asimismo servir de ejemplo a los lectores del valor de la iconografía, combinada con la documentación, en el proceso de investigación del pasado, en este caso sobre el urbanismo, el comercio, los oficios y tipos humanos.

La acuarela presenta una vista de la calle Sarandí en dirección Oeste-Este, tomada desde el actual cruce con la calle Bartolomé Mitre; a la derecha se ve la calle Bacacay, y a la izquierda asoma Policía Vieja. Al fondo, cerrando la composición, las murallas y la puerta de la Ciudadela.

Se trata de una vista urbana que ha sido considerada también por otros artistas, y por los fotógrafos, desde una perspectiva muy similar. Sin duda constituía un punto referencial de la capital uruguaya.

La puerta de la Ciudadela por Jean Léon Pallière

El autor

Jean Léon Pallèire nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1823, y falleció en Lorris, Francia, en 1887. Dado que su padre, francés, lo inscribió al nacer en el consulado de dicho país, el artista conservó siempre la nacionalidad paterna. Todavía niño fue enviado a Francia, donde inició su formación artística, la cual continuó al retornar a América en 1848. Obtuvo una beca para Europa, instalándose en Roma, donde residió hasta 1855, regresando entonces a Buenos Aires. De acuerdo a Sylvia Iparraguirre:

Desde el primer momento, Pallière se interesa por los motivos de tipos y costumbres del país para sus acuarelas, dibujos y óleos, que toma de sus tempranos viajes a Tigre y a Morón. Suele exhibir sus cuadros terminados en la ventana de su casa-taller de la calle Cuyo. Más tarde presentará su obra innumerables veces en los heterogéneos almacenes de Fusoni Hnos. También participa de otros proyectos, como el de un Mausoleo para Rivadavia y una fachada para la escuela Catedral al Norte. En 1858 realiza un largo viaje a Chile. Se embarca luego por el Pacífico hasta el puerto de Cobija. Desde allí, atravesando el desierto de Atacama, llega a Salta. Continúa su viaje por Tucumán y Córdoba, baja hasta Rosario y, por el río, a Buenos Aires. De este largo trayecto, prueba de su vitalidad y curiosidad inagotables, queda su Diario, ilustrado con dibujos y pinturas de las provincias argentinas. Pallière es un observador minucioso a quien le gusta dejar el asiento de la diligencia para sentarse junto al conductor mientras toma rápidos apuntes. Al mismo tiempo, en una Europa ávida de imágenes exóticas, revistas de Londres y París publican sus dibujos sobre la vida de los remotos gauchos. (2)

Su pasaje por distintos centros de formación lo convirtieron en un artista hábil, que durante sus viajes por la región platense centró su atención en las costumbres, tipos humanos y paisajes, dejando una amplia producción de pinturas, acuarelas y litografías. Residió en el Río de la Plata hasta 1866, cuando decidió radicarse en Francia definitivamente, exponiendo sus trabajos en distintas oportunidades.

Entre sus obras destacan “Idilio criollo”, “La mujer del preso” y el “Álbum Pallière, Escenas americanas, Reducción de cuadros Aquarelles y bosquejos, En venta en la casa de los Sres. Fusoni Hnos., Calle Cangallo 99, Buenos Aires” [1864], que contiene un interesante conjunto de litografías. Dejó también varias acuarelas, pequeños “tondos” (3), como “Bailando el gato”, “Interior de rancho” y “Porteña en el templo”. El Museo Histórico Nacional, en Montevideo, conserva diversas obras de este artista, tanto acuarelas como litografías.

La producción de Pallière se enmarca todavía en un arte de carácter documental, verista, en la postura del observador que reproduce en dos dimensiones la realidad circundante. Su valoración pasa por su capacidad para captar la luz, la cromática, los paisajes y escenarios urbanos, por reparar en aquellos detalles de interés, que pueden atraer la atención cómplice del observador.

La arquitectura

En esta obra son visibles las características de la arquitectura de la ciudad de mediados del siglo XIX, predominando todavía la influencia de los modelos neoclásicos, vigentes hasta la irrupción de las corrientes historicistas, con fuerte desarrollo a partir de la década de 1870, las que terminarían por desplazarlos. En el marco de este estilo destaca, a la derecha, el edificio que Juan María Pérez (4) construyó con destino a hotel.

Sus expectativas se vieron frustradas por la Guerra Grande y el Sitio de Montevideo (1843-1851), cuando el edificio fue destinado a otros fines:

No logró don Juan María dar destino a su hotel, pues cuando aun no estaba completamente terminado estalló la Guerra Grande. El Gobierno de la Defensa obligó a su propietario a terminarlo con apremio, lo ocupó, y destinó la planta baja a local de la Guardia Nacional, y las otras plantas a hospital de la Legión Francesa. (5)

Sus fachadas se caracterizaban por las pilastras jónicas y los guardapolvos rectos sobre las ventanas, así como por las sencillas ménsulas de los balcones de herrería. En el balcón central era visible la fecha del proyecto, 1842. La planta baja estaba dedicada a comercios, contando también con entrepisos. Esta sección presenta en los muros un simple trabajo de almohadillado. En la azotea se encontraba el mirador, no visible en esta acuarela, punto referencial por los panoramas que podían apreciarse desde sus ventanas. De hecho, en 1848, Juan Manuel Besnes e Irigoyen realizó desde allí dos de sus acuarelas más interesantes, "Vista de oeste de la ciudad de M. teVo sacada del mirador de la casa de Dn. Juan Ma. Perez” y “Vista del Mercado de Mte Video 1848 tomada del mirador de Dn. Juan Ma. Perez”, ambas pertenecientes al acervo del Museo Histórico Nacional, y de las cuales nos ocuparemos en su momento. La construcción fue demolida en la década de 1950, y en su lugar se alza hasta hoy el edificio “Ciudadela”.

La puerta de la Ciudadela por Jean Léon Pallière

Cruzando la calle, siempre siguiendo la vereda derecha por Sarandí, puede verse una edificación más sencilla, y a su lado otra de dos pisos en la que están presentes elementos de la arquitectura clásica, como son los frontones rectos. Sobre la vereda izquierda edificios igualmente sencillos, que mantienen la costumbre de combinar los negocios en la planta baja y las viviendas en el piso superior. Un detalle resulta llamativo: frente a la calle Bacacay se alzaba la Casa de Policía, antiguo Parque de Ingenieros durante la colonia. Este edificio fue demolido entre 1870 y 1875. El escorzo no permite apreciar la construcción allí existente, interesante indicio también para precisar la datación de esta acuarela.

Al fondo, cerrando el espacio, destaca la puerta y las murallas de la Ciudadela, estructura colonial que para entonces presentaba una importante transformación, perdidos ya sus fines militares originales. Desde 1829 se había resuelto la demolición de los muros que cerraban Montevideo por la parte de tierra. El plano dibujado por Mynsen y litografiado por Bacle en Buenos Aires, titulado “Plano topográfico del pueblo de Montevideo” (1829) establece en sus leyendas que no se representaban las murallas “por estar ya decretado su derribo”. También se fueron cegando los fosos. Los propietarios de estos predios vendidos, avisaban en la prensa capitalina de la década de 1830 que recibían escombros para relleno. La documentación escrita, la iconografía y la bibliografía sobre este edificio es cuantiosa y permite seguir su evolución, hasta su desaparición definitiva en la década de 1870, así como los distintos proyectos propuestos para dicho espacio (6). Desde 1835 hasta la habilitación del Mercado Central, obra de Thomas Havers, construido detrás del Teatro Solís, e inaugurado en 1869, funcionó como mercado de la ciudad, conteniendo en su plaza de armas múltiples tenderetes.

Finalmente, es notorio el progreso urbano, con veredas y calles pavimentadas, que facilitaban la circulación de peatones, caballos y carruajes. Para entonces no quedaban ya restos de los fosos de la fortaleza.

La anunciomanía

Un aspecto de interés visible en la acuarela es la cartelería callejera. En la segunda mitad del siglo XIX Montevideo ingresó en la denominada "anunciomanía", la irrupción de la publicidad en forma de grandes carteles, con diseños cada vez más llamativos, colocados sobre las fachadas, sobre las rejas de los balcones y sobre las medianeras, y que resaltaban las casas de comercio y los artículos que ofrecían. Esta dimensión publicitaria fue característica de la actividad comercial europea en el marco del capitalismo industrial, y del naciente consumo de masas del siglo XIX. En Europa, este consumo se materializó finalmente en las grandes tiendas por departamentos, como las famosas “Au bon marche” y “La samaritaine” de París.

Sin llegar a esos extremos -Montevideo deberá esperar al siglo XX para alcanzar dicha modalidad de consumo- , el aviso como forma de atraer a los clientes se venía imponiendo, señalando el ingreso de la población en un sistema comercial progresivamente ampliado. En esta acuarela se distingue, a la izquierda, un gran cartel pintado en esquina "[Pul] pería” o “[Ro] pería de…", y reafirmando el giro de la casa, diversas prendas colgadas sobre la vereda, entre ellas varios ponchos. Detrás, en el edificio siguiente, siempre del lado izquierdo de la obra, un cartel inclinado dice "Tienda". Sobre la vereda derecha, en el límite de la acuarela, cuelgan unos anteojos gigantescos, del modelo denominado "quevedos", indicando la presencia de una óptica o de un oftalmólogo. También, tanto en las paredes de la planta baja del edificio construido por Juan María Pérez, como en la puerta de la ciudadela, pueden verse varios carteles. Estos eran, en general, avisos de corridas de toros, o de espectáculo teatrales. Impresos con letras de grandes dimensiones, se pegaban sobre las paredes con engrudo. Esta costumbre quedó registrada en diversas fotografías y pinturas.

La puerta de la Ciudadela por Jean Léon Pallière

Algunos letreros comerciales tomaban como modelo los avisos de la prensa. En la esquina del edificio de Juan María Pérez, vemos el cartel de una zapatería, que inspiró su diseño en los anuncios que aparecían en los diarios, los que combinaban textos con una imagen alusiva.

La puerta de la Ciudadela por Jean Léon Pallière

Oficios y tipos humanos

También resulta interesante en esta acuarela su sentido de instantánea, de actualidad. La dinámica urbana quedó registrada en la presencia de distintos tipos humanos dedicados a sus actividades, haciendo énfasis en los más característicos, exóticos para la mirada europea de los visitantes al Salón de 1876, donde se exhibió. La figura más próxima al espectador, un gaucho a caballo, ingresa a la escena por la izquierda, vestido con sus prendas características. En el centro, dos morenos conversan animadamente, el hombre apoyado en el poste para atar a los caballos y la mujer con su cesta de compras. Sobre el margen derecho, el carro del aguatero, oficio que se prolongaba desde la colonia, y que sólo perdió vigencia a medida que la ciudad fue incorporando la red de agua potable, cuyo impulso se dio en 1871, con la simbólica inauguración de la fuente de la plaza Constitución. Para el año siguiente existían ocho surtidores de agua para la población (7). Todavía no contaba, como nosotros hoy, con la disponibilidad del producto en la propia casa.

Es interesante destacar en este predominio de atuendos criollos y populares, al caballero de levita y galera junto a su caballo, frente al edificio de Pérez, indicio de los sectores sociales urbanos que asimilaban la cultura europea y la vestimenta de Londres y París, los denominados “doctores”, marcando un contraste con las típicas prendas gauchescas.

En esta acuarela, realizada con ojo atento y minuciosos detalles, Pallière nos dejó una instantánea de la ciudad, tal como él la conoció. La imagen resulta útil para aprender de los aspectos urbanísticos, económicos y comerciales, y para acercarnos a los distintos tipos humanos que circulaban por sus calles.

 

Texto realizado por el Lic. Ernesto Beretta García

 

(1) El amplio lapso temporal establecido para la datación de la obra responde a que el autor se radicó en Buenos Aires en 1855, realizando a partir de allí viajes por la región. Sin embargo debemos considerar su forma de trabajar. Pallière acostumbró reproducir posteriormente los bosquejos que fue tomando en sus distintas escalas, y esta acuarela fue expuesta en el Salón de París, en 1876. Determinar si se trata de una obra pintada en nuestra ciudad, o bien realizada en Francia en base a sus apuntes y recuerdos, requiere un trabajo de investigación que excede las pretensiones de este breve artículo.

(2) Iparraguirre, Sylvia, “Prilidiano Pueyrredón – León Pallière”, en Pintura argentina, panorama del período 1810-2000, volumen dedicado a los precursores II, Buenos Aires, Proyecto Cultural Arte para Todos, Banco Velox, 2001, pp. 14-17.

(3) Se denominan tondos a las pinturas o dibujos realizados en una superficie circular. El término proviene del italiano “rotondo”, ronda, redondo.

(4) Juan María Pérez (Arroyo Seco, extramuros de Montevideo, 1790-Molino del Buceo, extramuros de Montevideo, 1845). Constituyente, Ministro de Hacienda y hombre de negocios, considerado entonces uno de los más ricos del Uruguay. Ampliación de datos biográficos en Fernández Saldaña, José María, Diccionario uruguayo de biografías 1810-1940, Montevideo, Editorial Amerindia, Adolfo Linardi, Librería Anticuaria Americana, 1945, pp. 994-996, y en Montero Bustamante, Raúl, Juan María Pérez 1790-1845, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1945.

(5) Montero Bustamante, Raúl, ob. cit., pp. 294 y 295.

(6) De esta bibliografía citamos los trabajos siguientes: Pérez Montero, Carlos, La calle del 18 de Julio (1719-1875), Montevideo, El Siglo Ilustrado, 1942, y Aliata, Fernando (editor), Carlo Zucchi, Arquitectura, Decoraciones urbanas, Monumentos (1826-1845), Argentina, Universidad de La Plata, Editorial Al margen, 2009.

(7) Castellanos, Alfredo, Montevideo en el siglo XIX, Montevideo, Editorial Nuestra Tierra, 1968, p.46.

 


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